7 de marzo de 2005

BASQUIAT

Murió en su ciudad, Nueva York, antes de cumplir los 28 por una sobredosis de heroína. Le inspiraban Picasso, el arte africano, el jazz y los trazos infantiles; le gustaba dibujar coronas y eses en los fondos de sus cuadros, llenarlos de enigmas y símbolos que solo eran capaces de descifrar los que le conocían bien.

La última gran retrospectiva realizada sobre el trabajo de Jean-Michel Basquiat (Nueva York, 1960-1988) en el Brooklyn Museum expone por primera vez en Estados Unidos más de 70 pinturas y 55 obras en papel de Basquiat, incluyendo los 32 dibujos de la Suite Daros, realizados por el artista tras su relación con el coleccionista Thomas Ammann.

De 1980 a 1982, su dedicación al graffiti favoreció el cambio de opinión de la crítica especializada con respecto a esta técnica. Durante este primer período, Basquiat inserta en su obra la visión de la realidad de los barrios bajos de Nueva York, los fragmentos que conserva de lo aprendido en su niñez.

Entre 1982 y 1985, este rescate de signos del pasado se consolida: imágenes vudú, tótem, arcanos.... También en estos años, reivindica su raza mediante retratos que rinden tributo a músicos, escritores y líderes negros en innumerables disciplinas, principalmente en el arte y el deporte, donde destacan los boxeadores y los jugadores de baloncesto.

Por último, desde 1986 y hasta su muerte, la acción de Basquiat se refina. Aunque sigue buceando en las mismas obsesiones que le persiguieron desde su adolescencia, empieza a mirar hacia Europa y su legado pictórico.