12 de junio de 2002

CUERPOS INCOMPLETOS, JARDINES INMORTALES
El Espai 292 de la galería Senda acoge desde ayer la primera exposición individual en España del artista Marc Quinn (Londres, 1964). Reconocido como un young british artist, este creador presenta en Barcelona una serie de esculturas y pinturas en las que expresa, como viene siendo habitual en su trayectoria artística, su preocupación por la mutabilidad del estado físico de los cuerpos. Todas sus piezas están relacionadas con el pasado, sus esculturas son casi siempre versiones actualizadas de formas clásicas: el busto, el torso, la estatua heroica. Los modelos de sus esculturas de mármol son personas que han nacido sin partes del cuerpo o las han perdido, una idea inspirada por las esculturas clásicas que también nos han llegado sin brazos ni piernas.

Son piezas que están esculpidas con mármol de Carrara por un equipo de artesanos, como hicieron generaciones de artistas desde Roma hasta Antonio Canova. Los sujetos representados se convierten en estatuas clásicas, auténticas bellezas, Venus de Milo contemporáneas que no tienen defecto alguno, acercándose más a un ideal platónico que cuestiona no el estándar de la belleza humana pero sí los valores y convenciones idealizados del arte. En esta muestra, Quinn presenta la conocida escultura de "Catherine Long", ganadora del premio más prestigioso de la Royal Academy, el "Wollaston Prize 2000", y una de las piezas centrales en su exposición de Tate Liverpool.

También se presentan algunos lienzos de la serie "Paisajes Italianos", basados en la extraordinaria obra producida en Italia para la Fundación Prada, "El Jardín": un inmenso jardín de flores reales, congeladas en vitrinas llenas de silicona líquida y que no pueden marchitar mientras la silicona permanezca en un punto de congelación.
Quinn paraliza cuerpos orgánicos en el momento en el que se hallan en plena madurez, justo antes de pudrirse; azucenas y otras flores exóticas quedan en un estado de suspensión criogénica, preservando así su eterno florecimiento, aunque biológicamente estén muertas.
Invita así al espectador a reflexionar sobre la mortalidad. Esta idea también queda reflejada en el uso de una técnica exclusiva de pigmentos permanentes, fabricados a base de minerales especiales que aseguran la preservación de las pinturas durante cientos de años.

Marc Quinn usa su cuerpo con frecuencia para crear mementos mori contemporáneos. Estos trabajos están representados en el actual montaje por autorretratos, como una frágil cadena de ADN; un molde de hielo de su cuerpo derritiéndose lentamente; y su última pieza "Lucas", un molde de la cabeza de su hijo recién nacido hecha con la placenta de su madre.