13 de mayo de 2002

RETRATISTA

Jean-Baptiste Greuze (1725-1805)

Nació en Tournus, Saône-et-Loire, muy pronto demostró un talento fuera de lo común para el dibujo, lo que animó a su padre a enviarle al taller de un pintor de Lyon, Grandon, que le ejercitó más en la rapidez que en la perfección: el muchacho tenía que ejecutar un cuadro cada día imitando a los viejos maestros. Sus dotes y ambición le condujeron a París donde se hizo famoso en el Salón de 1755 con el cuadro "Padre explicando la Biblia a sus hijos", en el que exaltaba sentimentalmente las excelsas virtudes de los pobres. Ese mismo año, invitado por el jefe de una misión dilomática, viajó a Italia. Permaneció insensible ante las bellezas de la Antigüedad, pero se enfrascó en los ambientes populares de la época con un talante muy cercano a Rousseau, lo que le valió el caluroso aplauso del acerado Diderot.

En 1761 con un retrato hecho a su esposa dio comienzo a una larga galería de retratos femeninos que le harían muy popular entre aquellas damas parisinas que no frecuentaban la corte, donde reinaba el tan distinto Boucher.
Aupado en su éxito quiso penetrar en el santuario de la Academia mediante un cuadro histórico mal concebido y peor dibujado, "Los reproches de Septimio Severo a su hijo Caracalla", que fue rechazado, lo que le impidió ser admitido como pintor de historia, la máxima categoría, aunque fue aceptado como pintor costumbrista. Este rechazo irritó a Greuze, que nunca más volvió a presentarse a ninguna otra exposición oficial. Le bastaba atender a sus numerosos y adinerados clientes, que pagaban altas sumas por sus cuadros y retratos y a cuyos gustos se adaptó, no sabemos si con total sinceridad, pues, al parecer, las necesidades del mercado obligaron al artista a arrinconar una latente e intensa sensualidad.

La revolución arruinó al pintor. Sólo en tiempos de Napoleón recibió algunos encargos que aliviaron su miseria. Aun así, Greuze pudo sobrevivir a su fama: sus años duraron mas que su memoria. Murió a los ochenta años, abandonado y olvidado por amigos y enemigos. Sin embargo, los críticos han mantenido su recuerdo a causa de la importancia que llegó a tener en su época, pero casi siempre para denostarle y ponerlo como ejemplo de lo que el arte no es, ni ha de ser: moralizante y lacrimógeno.