15 de mayo de 2002

LA MADRE VENGADORA
Érase que se era un joven ladrón de obras de arte; y su madre, la guardiana del botín; dos protagonistas para una atípica historia de robos.
Stephan Breitwieser, el ladrón, cometía sus fechorías en museos, castillos, galerías de arte y anticuarios de Francia, Suiza, Holanda, Bélgica y Austria; movido por su cleptomanía, escogía cuidadosamente las obras elegidas, unas sesenta, entre sus preferidas de los siglos XVII y XVIII. Tras el robo llevaba la obra al apartamento de su madre, y pasaba a formar parte de su museo personal... y además acudia a la biblioteca y a librerias especializadas para informarse exhaustivamente sobre la obra.

En el pasado mes de noviembre, Stephan, mientras estaba con su novia, fue reconocido por un vigilante del museo de Lucerna; había cometido el error de volver a la escena del crimen, ya que el día antes había robado allí un instrumento musical del siglo XVII. El ladrón fue detenido, pero su novia pudo huir y avisar a la madre... esta se deshizo del botín de una manera un tanto drástica.
Enfadada tras la detención de su hijo, hizo trizas (literal) las obras de arte y las tiró a un canal... y, efectivamente, allí fueron encontrados los pedazos. Los pedazos de un Boucher, un Bruegel, un Watteau...