13 de abril de 2002

ROMA EN EL SIGLO XIV
La escultura del Moisés de Miguel Ángel, en proceso de restauración, ha desvelado, al ser desplazada, un excepcional fresco del siglo XIV con una representación Cristo, que arroja nuevos datos sobre la labor de los artistas en Roma durante el cisma de Occidente.
El hallazgo fue efectuado por los técnicos que realizan las tareas de limpieza y conservación del Moisés, encargado en 1505 como parte del grupo escultórico para la tumba del papa Julio II en la iglesia de San Pedro in Vincoli, fundada en el siglo V para albergar las cadenas que aprisionaron al apóstol.

Al mover la estatua y proceder a limpiar la parte baja de la pared que quedaba detrás, correspondiente a una antigua sacristía y cubierta de enlucido, apareció una representación del rostro de Cristo, de unos 70 centímetros de altura y 50 de ancho.
La figura, con grandes ojos oblicuos y una larga cabellera de color pajizo, sobre fondo azul e influencia gótica, revela en su realización la mano de un artista experto, según señaló el arquitecto Raffaele Viola, responsable del mantenimiento del templo.

Cuando fue dibujado el Cristo debía estar situado a unos dos metros de altura, pero tras la reestructuración del edificio en el siglo XVI (cuando se añadió una planta) el fresco se encuentra ahora a unos 30 centímetros del suelo.
A falta de una datación más precisa, la obra puede situarse entre el tercer y el cuarto decenio del siglo XIV, período que entra de lleno en el Cisma de Occidente (1305-1417), cuando la sede del papado se había trasladado a Aviñón. Se trata precisamente de este hecho, según los expertos, el que concede una importancia excepcional al descubrimiento, ya que obliga a reconsiderar la idea de una "Ciudad Eterna" abandonada durante la difícil etapa del cisma.
En esos años, San Pietro in Vincoli estaba bajo los auspicios de un cardenal francés, Talleyrand de Perigord, antepasado del célebre ministro de Napoleón, que reestructuró ampliamente la iglesia y utilizó sus dependencias como residencia privada.
La realización en aquel tiempo del Cristo ahora descubierto tras siglos de olvido, demuestra que Roma continuó siendo un foco de atracción para artistas de relieve a pesar de la pérdida de su importancia política y religiosa.