16 de marzo de 2002

ELOGIO A UN ARTISTA
Cuatro años trabajó Eduardo Chillida en "El Elogio del Horizonte", la escultura que ya es un símbolo de Gijón. Fue una obra controvertida desde el inicio. "Ye igual que una pareja haciendo el amor, pero fríamente", le dijo un ciudadano a Chillida. Al escultor no le desagradaba la polémica.
Él explicaba así su obra: "Habla de dos referencias: el horizonte y el hombre. No conocemos el horizonte porque la medida del Universo es incalculable, pero sí conocemos la medida del hombre, que es muy pequeña. El monumento crea un microespacio ideal para ese ser humano en un entorno fantástico. A mí, "El elogio" me sugiere algo que tiene que ver con un cráneo gigantesco".

Chillida dijo que Gijón y San Sebastián tenían en común, además de alguna otra similitud, la luz negra del mar Cantábrico. "Desde el mar, he podido ver "El elogio" flotando sobre la montaña. La obra parece que tiende hacia adelante y estoy seguro de que está lista para que el tiempo, la noche, los hielos y las brumas acaben el trabajo".
Chillida definió toda su obra como "una rebelión constante contra la gravedad". Persigue una utopía y ahí reside la clave de su apasionamiento. "Me podrá la materia, pero nadie podrá impedir que siga rebelándome".