13 de marzo de 2002

COLECCIONANDO TESOROS
¿Qué hacia el heredero al trono inglés, el príncipe Carlos I de Inglaterra por Madrid en el año 1623?. Pues venia a buscar novia, a conquistar el corazón de la infanta María, hermana de Felipe IV.
Carlos no consiguió novia en esa ocasión, pero si se hizo con una extensa colección de obras de arte; conoció las obras que tenían los Austrias e inició una de las colecciones más rápidamente formada y de mayor calidad del momento. En siete años, ya había adquirido la gran parte de sus obras, además de por compras concretas, en la venta que la familia Gonzaga tuvo que hacer de sus pertenencias.
Algunas de las quinientas piezas que formaban su colección fueron: "El tránsito de la Virgen" de Mantegna, "El Santo Entierro" de Tiziano, "La Sagrada Familia de la Perla" de Rafael, "La educación de Cupido" de Correggio, El "Autorretrato" de Durero, "El Lavatorio" de Tintoretto, "La alegoría de la Paz y la Guerra" de Rubens o "La contienda de Escipión" de Anton Van Dyck.

En 1649, cuando ya era el rey Carlos I, su vida da un giro inesperado, el gobierno del puritano Cromwell, le acusa de traición al pueblo y fue ejecutado públicamente el 30 de enero, poniendo fin a la dinastía de los Estuardos. Un monarca odiado, pero que fue recordado después como mártir por sus súbditos.
Las posesiones reales fueron vendidas para sanear moral y económicamente a Inglaterra. Felipe IV, que había heredado de su familia y aprendido del por entonces príncipe Carlos en su visita a Madrid, la importancia de la posesión de obras de arte como parte de la imagen de gran emperador, inició una serie de maniobras para adquirir la colección de Carlos I. Muchas de las obras las podemos disfrutar siempre en el Museo del Prado, el resto han venido de museos de toda Europa para la exposición "La Almoneda del siglo. Relaciones artísticas entre España y Gran Bretaña, 1604-1655".




Durero (1471-1528). Autorretrato (a los 26 años).