6 de febrero de 2002

POR AMOR AL ARTE
Los colecccionistas de arte Jacques y Natasha Gelman crearon una de las colecciones privadas más importantes de arte moderno en el siglo XX; durante cuarenta años se dedicaron a comprar obras de arte con la única guía del buen gusto.
Vivieron a caballo entre México y Nueva York, aunque sus orígenes eran europeos; Jacques Gelman había nacido en San Petersburgo en el seno de una familia de terratenientes, por lo que recibió una muy refinada educación. Tenía sólo ocho años cuando estalló la Revolución de Octubre y poco tiempo después sus padres lo mandaron, con su institutriz y un surtido de valiosos huevos Fabergé entre sus ropas, a Berlín.
Allí pudo dedicarse al cine, su pasatiempo favorito: consiguió un trabajo en una distribuidora de cine y luego, en París, instaló su propia empresa. Fue en esa época cuando empezó su colección de arte. Después, huyendo de la guerra, partió a México en 1938.
Justamente fue en esa ciudad, en el hotel donde se hospedaba conoció a su esposa, la checoslovaca Natasha Zahalka. La pareja se convirtió en protagonista de la vida nocturna mexicana y gracias a eso descubrieron al comediante más importante de México: Cantinflas.
Gelman pensó que podía funcionar bien en el cine y dio en el clavo, ya que el éxito de este cómico aseguró que Cantinflas se lanzara al estrellato y permitió que Gelman, sin sobresalto alguno ni distracciones, pudiera coleccionar arte.

Una de las primeras obras en conformar esa famosa y envidiada colección fue un retrato de Natasha encargado a Diego Rivera. El muralista inmortalizó a Natasha recostada cual diva de Hollywood. Luego, otras firmas también retrataron a la rubia checoslovaca. Entre ellos, Rufino Tamayo, Frida Kahlo y Siqueiros.
Los Gelman se inclinaron por los artistas mexicanos que eran conocidos en los Estados Unidos y una vez que compraban las obras, los artistas se hacían aún más conocidos y prestigiosos.

Tras la muerte de la pareja su patrimonio pictórico comenzó a ser codiciado por museos e instituciones culturales de todo el mundo, pero al final se convirtió en una exposición que viaja eternamente por los grandes museos del mundo; en estos momentos es The Metropolitan Museum of Art, el que expone parte de esa colección, concretamente obras de los pintores la Escuela de París (seis pinturas de Picasso; cuatro de Matisse; cinco de Miró; cuatro de Bonnard; tres de Braque; tres de Léger; dos de Dubuffet, Gris, Tanguy y Vlaminck respectivamente; tres bronces y una pintura de Giacometti y también obras de Brauner, Chagall, de Chirico, Derain, Ernst, Modigliani, Mondrian y Rouault).