5 de febrero de 2002

LIBRO DE VIAJES
Hace unos días terminé de leer "Viajeras intrépidas y aventureras" (de Cristina Morató, Ed. Plaza & Janés) una multi-biografía de mujeres que un buen día decidieron emprender la aventura de sus vidas. Setenta mujeres que, desde de la caída del Imperio Romano en el siglo IV hasta la actualidad, abandonaron sus hogares y empezaron un largo viaje hacia lo desconocido. No todas las mujeres son iguales, ni emprendieron sus aventuras por el mismo motivo... pero si tenían en común un espíritu de aventura y descubrimiento de otras realidades.

En la Edad Media eran reinas o monjas que viajaban por motivos religiosos, para conocer los escenarios bíblicos de Tierra Santa; así por ejemplo, el primer libro de viajes en castellano lo escribió la peregrina Egeria que era una religiosa gallega, probablemente una abadesa, que viajó hacia Tierra Santa y los confines del Imperio Romano.
Siglos más tarde, algunas mujeres también emprendieron largos viajes para predicar la palabra de Dios en lejanos lugares del planeta. Otras lo hicieron para participar en conquistas, como la monja Alférez que se embarcó rumbo a las Américas simulando ser un hombre y luchó como cualquier otro en la conquista de Chile; también por interés científico, para trabajar como institutrices o acompañar a sus maridos en las expediciones científicas.
Algunas de ellas eran analfabetas que habían sido apartadas de la educación por su simple condición de mujer. Otras, en cambio, formaban parte de clubs literarios y recogieron en sus diarios de viaje sus increíbles aventuras.
Son damas victorianas que viajan a la selva o a los desiertos vestidas con apretados corsés, enaguas, botines y sombrillas, como Mary Kingsley; o May Sheldon que no renuncia a algún capricho que otro como viajar en un enorme palanquín de mimbre y con su bañera de zinc; o Gertrude Bell que cena en el desierto con su vajilla de porcelana, cristalería y cubertería de plata.
Son mujeres que recorren a lomos de caballo o de camello Oriente Medio y que escriben sobre regiones aún inexploradas por los europeos; como Alexandra David-Néel que se marchó al Tibet para descubrir los secretos de la filosofía budista y fue la primera occidental en entrar en la ciudad prohibida de Lhasa en 1925. O la piloto Amelia Earhart, la primera mujer que cruzó en solitario el Atlántico en 1928.

Como dice la canción:"Y como además sale gratis soñar y no creo en la reencarnación, con un poco de imaginación partiré de viaje enseguida a vivir otras vidas, a probarme otros nombres, a colarme en el traje y la piel de todos los hombres que nunca seré".



He estado "investigando" un poco sobre la foto de la portada del libro... es obra de J. Pascal Sébah (1838-1890) y se titula "Ascensión a la pirámide de Keops ca.1885"