4 de febrero de 2002

ENGAÑAR AL OJO
Uno de los principales puntos de partida en el arte es la imitación de la naturaleza; desde la antigüedad se tenía esta idea del arte, Aristóteles reivindicaba la imitación de la naturaleza como uno de los objetivos del arte.
Plinio el viejo, en su Historia natural, relata la famosa anécdota acerca de los pájaros que iban a picotear las uvas pintadas por Zeuxis, engañados por su perfección mimética, y la del posterior desquite de Parrhasios el zôgraphos ( la palabra pintor se dice en griego zôgraphos el que escribe lo viviente) contra Zeuxis, al ofrecerle un cuadro oculto tras una cortina: cuando Zeuxis fue a retirarla, descubrió que estaba pintada.

A pesar de la evolución del arte, este precepto aristotélico sigue vigente a la hora de valorar los méritos de una obra artística, se intenta que sea lo más parecida a lo real, a lo verdadero. La ambigüedad esencial de la imagen es consustancial al arte.
El engaño visual (trompe l´oeil) es protagonista en las obras de los artistas norteamericanos de finales del siglo XIX, William Harnett y John Peto.
En la exposición online de la Galeria Nacional de Washington hacen un pormenorizado estudio de la más famosa obra de William Harnett, "El viejo violín". Se reseña el impacto que produjo su exhibición en el público y la influencia posterior que tendría esta obra en una serie de pintores estadounidenses que también practicaron el trampantojo. Dedican un apartado especial a las obras en las que representa dinero, monedas y billetes, con tanto realismo que incluso fue acusado de falsificación y aunque quedó demostrado que era sólo un buen trabajo artístico no volvió nunca más a pintar dinero.


William Michael Harnett, The Old Violin, 1886.
National Gallery of Art, Washington.