25 de febrero de 2002

BOLITAS AZULES
¿Una instalación divertida? Si. Y algo más.
McKendree Key, una joven artista norteamericana, ha creado una instalación compuesta de 45.000 bolas azules de 7´5 centímetros de diámetro, que ocupan todo el suelo, llegando hasta una altura de un metro, del tejado de la galería de arte Espai 292, un edificio de tres plantas apretujado entre edificios más altos de la calle Consell de Cent de Barcelona.
Para acceder a la instalación los visitantes deben salvar una barrera de un metro, que evita que las bolas se escapen por la escalera interior de la galería, y pasearse tambaleantes por entre la obra con las bolas hasta las rodillas. La obra tiene una lectura a dos niveles: una interactiva, dónde las personas pueden sentirla táctilmente y sentirse como parte de la obra, y una segunda más lúdica e infantil, en la cual los niños pueden ver que el arte también puede ser divertido.

Con esta obra McKendree Key ha querido crear una obra eterea, transitoria, efímera, y con ella ha transformado de forma sorprendente este espacio en medio de la ciudad. Quiere recordar la importancia del juego, devolver a la gente sus experiencias de infancia de explorar un espacio sin tener que atenerse a unas reglas.
Las bolas parecen haber llovido sobre el tejado y cuando cae la noche unas luces fluorescentes se encienden e iluminan las bolas desde abajo, destacando su efecto y creando una extraña sensación de irrealidad en la oscuridad de la noche. De hecho, la obra fue concebida como una instalación nocturna. De día su efecto es completamente diferente que de noche. Durante el día cada bola recibe exactamente la misma cantidad de luz y uno puede ver perfectamente la manera en que la luz cae sobre cada una.

Esta no es la primera obra en la que McKendree Key utiliza bolas de plástico. Ya en el año 2000 creó The Ball Room una instalación de estas mismas características; después hizo otras que se situaban en el agua: en una de ellas puso 28.000 bolas rosas en un lago de Vermont llamado Didrichsen´s Pond; en otra 7.500 bolas fueron a parar a un pequeño río, Cook Brook, dejando que bajaran por la corriente, al final del recorrido las bolas quedaron atrapadas en un cerco de alambre, pudiendo ser recuperadas.