10 de diciembre de 2001

RIO BRANCO, FOTÓGRAFO DE LA VIDA
El Palacete del Embarcadero de Santander acoge una nueva exposición individual, en este caso de un artista de origen canario que vive afincado en Brasil: Miguel Rio Branco. Miguel Rio Branco pertenece a una joven generación de creadores brasileños que han contribuido a que espacios geográficos que habitualmente han sido receptores de otras culturas, hayan trascendido sus propias fronteras para introducirse en el discurso internacional.

Es una selección de diez fotografías, cibachromes en su totalidad; son obras que sido realizadas entre 1993 y 1999, de modo que la muestra nos ofrece la evolución del fotógrafo brasileño a lo largo de los noventa. Durante este periodo su trayectoria se mueve entre presupuestos conceptuales, en unas imágenes en las que aparecen objetos que articulan verdaderos catálogos de la realidad en forma de naturalezas muertas. Las fotografías presentan formatos cuadrados que componen dípticos, a modo de fotogramas de películas, bien dispuestos de manera horizontal –como el "Díptico del Infierno", "Cristo" y "Bzzz"– o bien en vertical –como ocurre con "Frisson l´Herisson"–. También podrá contemplarse el tríptico "Horse´s mirror", realizado entre 1994 y 1999.
Son imágenes destacan por los contrastes lumínicos y la poética utilización de una gama oscura en la que predominan las tonalidades saturadas de ocres y tierras.
En algunas fotografías Rio Branco introduce figuras inspiradas en la iconografía barroca, como el retrato de "Toque de maldad", los seres atormentados del "Díptico del Infierno" o la talla de un "Cristo" crucificado, a veces relacionados con distintos objetos en la otra parte del díptico.
En ocasiones, sus imágenes adquieren una entonación más crítica, como sucede en "TV", donde una serie de cráneos en fila parecen contemplar el foco de luz que sale de una lámpara, o en "Concentration camp", imagen que presenta en un primerísimo plano los alambres de un viejo colchón, a través de los cuales aparece un paisaje difuminado.

En todos sus trabajos Rio Branco juega con el mundo de las apariencias, retratando escenarios elaborados previamente donde nada es lo que parece; su obra está repleta de sucesos reales, de metáforas, de juegos ambiguos, donde se conjuga una mirada hiperbólica y barroca con la austeridad y minimalismo, partiendo temática y conceptualmente de los aspectos más ocultos y arcaicos de la sociedad brasileña más marginal.