21 de noviembre de 2001

SECUNDARIO
Dentro del movimiento renacentista italiano Macrino de Alba fue uno de esos pintores secundarios cuya obra a menudo ha pasado desapercibida; ahora en su tierra natal se muestra su obra en una extensa exposición.

Pinturicchio, uno de los maestros renacentistas, fue el punto de referencia en el que se apoyó Macrino de Alba para desarrollar su obra. Su taller en Roma fue donde adquirió, en un breve estancia hacia 1492, algunos rasgos estilísticos que delatan sus orígenes y dan sentido a un universo expresivo al que luego supo superponer una personal estética.

La vida de Macrino de Alba es un misterio, tanto su nombre, que algunos expertos identifican con el de Gian Giacomo de Alladio; se cree que abandonó Roma en 1493 camino de su Piamonte natal.
Es entonces cuando forma parte del séquito del obispo de Alba, Andrea Novelli, y de Benvenuto Biandarte di San Giorgio, enviados a Roma por Bonifacio IV Paleologo, para homenajear al nuevo papa Alejandro VI.

A medio camino entre los siglos XV y XVI, Macrino de Alba dejó su impronta en tierras piamontesas con una serie de pinturas, casi siempre sobre soporte de tabla, en las que los temas religiosos conviven pacíficamente con los argumentos de inspiración laica.
Entre estos últimos destaca el retrato de Anna de Alencon, un busto en el que se produce un sorprendente momento de cercanía al Leonardo de la célebre Gioconda.
Y entre los temas religiosos se encuentran Vírgenes procedentes de Turín y Fráncfort, la Madonna amantando al Niño de Milán o un peculiar Portal de Belén con San Juan Bautista y San Jerónimo.

Para completar el recorrido se exhiben también una selección de obras que ilustran el contexto pictórico del marquesado de Casale entre los dos siglos en los que vivió el pintor.