29 de noviembre de 2001

DESENTERRANDO EL PASADO
Ya hemos hablado anteriormente de las trabajos de excavación, que con motivo de la futura construcción de un parking, se están lllevando a cabo en la Plaza del Castillo de Pamplona (gracias a la webcam del enlace se pueden observar dichos trabajos). Esta misma semana han aparecido más de cien cadáveres humanos de época medieval, son esqueletos de adultos y de niños, muchos de ellos perfectamente conservados, hallados a lo largo de más de 50 tumbas fechadas entre los siglos XI al XVI.

Fueron localizados en los terrenos que entre los siglos XI y XVI estuvieron ocupados por un convento dominico, derribado después para construir el castillo de Fernando el Católico. El motivo de que los cadáveres aparezcan enterrados en un convento es la costumbre medieval de inhumar los restos en terreno sagrado, es decir, en ermitas, iglesias y demás edificios religiosos.
Según los primeros datos, los cadáveres, por su alineación en un pasillo delimitado por dos muros, podrían haber sido enterrados en un atrio abierto hacia un patio interior del convento.

"Hay tumbas perfectamente conservadas, con sus losas intactas, pero otras están rotas o alteradas, bien por haber sido destruidas al demoler el convento, bien porque fueron reutilizadas para introducir nuevos cadáveres. De hecho, se ven tumbas que están asentados sobre la losa de otra inferior", señalaron los arqueólogos.
Entre los cadáveres desenterrados destaca la presencia de varios restos de niños: "Hay bastantes, ya que la mortandad infantil en la época era bastante elevada. También destaca el número de mujeres para tratarse de la necrópolis de un convento. Al estar asentado cerca de una población, parece ser que la gente era enterrada aquí".
Los cadáveres aparecen desprovistos de objetos decorativos: "Se trata de un convento, y los monjes eran de vida austera, y prácticamente todas las tumbas comparten esa austeridad. Aunque si que ha aparecido alguna moneda e incluso conchas de peregrinos. Pamplona era paso del Camino de Santiago, y en aquellos años mucha gente moría en el recorrido".

Entre las decenas de cadáveres desenterrados llama la atención uno que conserva toda la osamenta, y cuya pierna aparece torcida para permitir la presencia de una piedra perfectamente redonda: "La piedra es un bolaño que se utilizaba para ser lanzado por una catapulta. No sabemos si la piedra ya estaba cuando lo enterraron, o si la colocaron a propósito a la hora de enterrar al cadáver. Quizás esté en relación con una dedicación militar del difunto".