29 de octubre de 2001

VIAJES
Uno de los exponentes del land art de los setenta, Hamish Fulton lleva treinta años recorriendo el mundo, desde el condado de Kent hasta Australia, por los cinco continentes con una única filosofía: no walk, no work (no hay camino, no hay obra).

Un día, tres, siete... sólo o acompañado de su amigo Richard Long, la experiencia artística de este creador conceptual es una búsqueda de las fuentes de inspiración en la naturaleza, el lado más “salvaje” del mundo opuesto a la vida urbana. Cuando inicia sus viajes nunca falta su cámara fotográfica, con un filtro naranja que le permite acentuar los contrastes, y una libreta en la que apunta las sensaciones vividas.
Estas obras en sí mismas son trasladadas posteriormente a las salas expositivas por medio de la conjunción de texto e imagen.

Frases rotundas y concisas pintadas a gran tamaño y con formato muy claro, consiguen evocar por sí solas toda la experiencia de Fulton. Conceptos que nos trasladan a las más altas montañas, a los acantilados más escarpados o las laderas más verdes. Una palabra que se convierte en arte gracia al proceso reflexivo del que parte. Junto a ellas, las fotos, cuidadosamente seleccionadas y reveladas en un estudio de Londres, ilustran, nunca de manera independiente de los textos, el recorrido.

Estos días la Fundaçao Serralves (Oporto, Portugal) presenta, dentro del ciclo “Sobre, em, volta, dentro da paisagem” en su Museo de Arte Contemporáneo, la última aventura del británico. En 1989 presentó "From Atlantic shore to the Mediterranean shore”, ahora es a la inversa. Primero de Oporto hasta Santiago de Compostela y después hacia los Pirineos por la ruta jacobea, el trayecto se estructura desde el Atlántico hasta el Mediterráneo, “el camino en el que comienzan las montañas”, como indica el título de la exposición, “Hamish Fulton. The way to the mountains stars here”.