8 de octubre de 2001

KOONS EN BILBAO
Llega a Bilbao el encargo realizado para la sede del Guggenheim de Berlín a Jeff Koons.
Son siete lienzos, "Facil diversión etérea" que están llenos de referencias surrealistas (René Magritte, Max Ernst o Dalí) de labios y ojos que flotan entre las escenas veraniegas de helados y frutas, con todas las connotaciones psicológicas que se quieran.
Un placer realizado con las más modernas tecnologías de la informática y en cuadros de gran escala que acompañarán a Puppy, que él mismo creó como imagen de la institución en España.

Comparado con Duchamp y con Warhol por su apropiación de los objetos de la vida diaria, Koons no los reubica como símbolos de un nuevo modo de hacer arte o como iconos de una nueva cultura.
Sus objetos rayan lo “cutre”, y con sus esculturas y pinturas no son dignificados en el sentido clásico del término.
Hijo de una generación imbuida totalmente en el bombardeo de la sociedad mediática, aprovecha los recursos e imágenes que esta le brinda para unirlos en espacios y situaciones imposibles que provocan la hilaridad.
Sus obras se caracterizan por el exceso tanto en la representación como en la escala. Su lenguaje recuerda directamente al utilizado en los anuncios y el marketing. Y él mismo se construye y se vende con estas herramientas.
Pero detrás de todo ello no hay únicamente un aprovechamiento y visión superficial del mundo.
Detrás de la risa fácil está ese propósito de conseguir hacer la vida más llevadera, dar una visión optimista que inspire a la confianza y la seguridad.
Sus fantasías dan un nuevo modelo de representación, y ante la crisis del mundo de los yuppies, Koons escoge lo que se encuentra en los límites de la baja cultura para revestirlo con nuevas galas y presentarlo en las más salas intelectuales de un museo.
Un desafío a lo convencionalmente “cómodo”, una manera más de provocar una convulsión o una reacción.