14 de septiembre de 2001

TARRACO
La muestra “Tarraco, puerta de Roma” se inaugura hoy en el Centro Cultural Fundación "la Caixa" de Tarragona. Se han reunido 150 obras procedentes de diversos museos de Europa y también de numerosos museos españoles, como los arqueológicos de Sevilla, Córdoba, Mérida y Madrid, y se propone una visión de conjunto de la historia de Tarragona, desde la conquista romana en el siglo III a.C. hasta la transformación en gran metrópolis, capital de la Hispania citerior, en tiempos de Augusto; y desde la estancia de Adriano en el año 122 d.C. hasta el siglo III, cuando Tarraco vivió sus últimos momentos de esplendor bajo el mandato del emperador Diocleciano.
La exposición se ha dividido en cuatro grandes ámbitos. El primero presenta las fases iniciales de la romanización de la península Ibérica. Para ilustrar esta época, se expondrán algunos de los elementos ornamentales romanos más antiguos que se han encontrado, los elementos de la romanización de finales del siglo III a.C. y los ejemplos de asimilación y resistencia de los pueblos indígenas ante la romanización. Pertenecen a esta época piezas como la inscripción cancelada dedicada originariamente a Pompeyo y el fragmento en forma de placa en honor al patrón de la ciudad, Domicio Calvino, mano derecha de César.

Un segundo apartado de la exposición, situado cronológicamente entre mediados del siglo I a.C. y finales del siglo I d.C., partirá de la etapa cesariana y de la conformación de Tarraco como colonia. En esta época Tarraco alcanza dimensiones enormes y desde ella se planifica la organización de Hispania. El emperador Augusto, que residió en Tarraco en dos ocasiones diferentes, desde donde gobernó el Imperio, es la figura clave de esta ciudad. También es importante la figura de Vespasiano, ya que durante su reinado se inició la gran reforma urbanística de la parte alta de la ciudad, siguiendo el modelo del Foro de Augusto, en Roma. En este segundo episodio, Tarraco, además de ser la capital de un conventus (Tarraconensis) y de una provincia (Hispania citerior), administraba un inmenso territorio y poseía una enorme diversidad tanto en los aspectos físicos como en las realidades sociales.

En un tercer periodo se encuentra la Tarraco del s. II d.C. En el año 122-123, el emperador Adriano pasó allí el invierno; en esta época convocó en la ciudad un importante concilium provinciae. Entretanto, Tarraco era una ciudad abierta al Mediterráneo, con una intensa actividad comercial. Son unos años de relaciones internacionales, en las que destacan la importancia de su puerto, la explotación agrícola de las villas y el aumento de población procedente sobre todo de Zaragoza y de otros puntos del Imperio romano occidental.

Por último, se ofrecerá una visión de Tarraco en la antigüedad tardía, como una ciudad viva pero en una etapa de profundos cambios y transformaciones urbanísticas y sociales. Entre los siglos III y V se consolidan los contactos con el norte de África y el Mediterráneo oriental.

Tarraco fue una emergente ciudad abierta, gracias a su puerto, a todo el Mediterráneo, desde la que se organizó la romanización peninsular, y por la que pasaron figuras fundamentales como Augusto o Adriano, cuya domus se reconstruye en el montaje. Se incluyen entre las piezas más destacadas la recientemente descubierta estatua de Vespasiano, perteneciente al museo croata de Split, nunca expuesta hasta ahora, junto a sarcófagos, mosaicos, ánforas y bronces.