16 de septiembre de 2001

LA OTRA CIUDAD ROMANA
"Hay una tendencia generalizada a simplificar la historia por sus personajes, por sus hechos de armas y por el paisaje donde suceden. Lo demás, es decir, casi todo, no son sino sombras y oscuridad. Así con la Pamplona romana. Aquella ciudad recreada por Pompeyo sobre un poblado anterior de los vascones se ciñe a la guerra de Roma contra Sertorio, a la presencia del procónsul Pompeyo para combatir al levantisco, a una situación geoestratégica excepcional del promontorio sobre el río Arga, y a una ciudad que comienza a urbanizarse siguiendo las reglas madres de todos los campamentos militares de las legiones romanas. Y por ahí, de
tanto oírlo a nuestros avezados historiadores, hemos decidido que la Pamplona romana se extendía únicamente por donde la actual Navarrería siguiendo la trama de cruz conformada por las calles Dormitalería y Merced (norte-sur) y la calle Curia (este-oeste).

Y ahora resulta que en esos sondeos arqueológicos que se están llevando en la Plaza del Castillo, apenas a una uñada del subsuelo, aparecen restos de otra vieja ciudad romana de Pamplona. De tanto contemplar el brillo de cascos y armaduras, de tanto sopesar la fe y el esfuerzo de las lanzas guerreras, de tanto aturdirnos por el paso acompasado y fiero de los ejércitos, de tanto imaginarnos el trasiego y magnificencia del foro romano en lo que hoy es atrio de la catedral, nos hemos olvidado de las otras gentes que acompañaban a los ejércitos. Gente sin nombre y sin historia, gente extramuros de empalizadas y murallas; gente, por lo que ha aparecido, afincada en los terrenos de la Plaza del Castillo, lejos de la suntuosidad de la ciudad romana de la Navarrería.

Seguro que por esos laberintos de historia no aparecerán mármoles ni baños termales, ni vasijas de firma, ni mosaicos o columnas. En la tierra exterior, en la tierra de nadie, florecerán aromas de truhanes y mercachifles, de ganapanes y vendedores de humo. Asomarán aromas de mujeres de precio, de bribones y pícaros y de toda esa intendencia que vivía de los negocios oscuros y de las monedas de las gentes de armas. Aromas, me temo, que no caben en los museos. Y como aparecieron, también me temo, volverán a ser enterrados para los restos."
José A. Iturri