21 de junio de 2001

REDESCUBRIR A CARLOS V
Desde 1548, año en el cual el pintor Tiziano retrató al emperador Carlos V a caballo en Mühlberg, hasta nuestras fechas, el considerado uno de los primeros retratos ecuestres de la historia de la pintura ha sufrido algunos avatares.
Su primer accidente, nada más ser pintado, fue producido por una ráfaga de aire que derribó el lienzo mientras se secaba al aire libre. Restaurado en esa ocasión por su propio autor, siglos después, durante el incendio del antiguo Alcázar en 1734 el humo se adhirió a la pintura, ocultando elementos del cuadro, y restando intensidad a los colores.
La guerra civil española también dejó su huella en la obra de Tiziano, que perdió numerosos pigmentos durante su traslado a Suiza por el Museo del Prado, ante el temor de que pudiera ser dañado por los bombardeos.

Ahora, el Prado exhibe de nuevo en su sala 61 dicho cuadro, tras haber sido sometido a múltiples cuidados en un taller de restauración. Fue en junio de 1999 cuando durante una reunión, especialistas de todo el mundo realizaron un diagnóstico de ingreso en el taller de restauración de uno de los lienzos más populares del Prado.
Tras ser analizado y radiografiado hasta la extenuación, un equipo formado por Maite y Rocío Dávila y Carmen Garrido ha sido el encargado de llevar a cabo una “restauración conservadora”, en el sentido de la imposibilidad de reparar algunos daños y de la poco adecuada restauración “agresiva” que la obra necesitaba. Limpios los barnices oxidados, eliminados los antiguos repintes, y reintegrados los pigmentos pictóricos, “El emperador Carlos V a caballo en Mühlberg” ya está listo para ser admirado de nuevo.