18 de junio de 2001

MORLEY
Coincidiendo con el setenta cumpleaños del artista, la Hayward Gallery de Londres ha decidido organizar una retrospectiva del pintor británico, afincado en Estados Unidos, Malcom Morley (Londres, 1931). Cerca de 50 obras, entre pinturas, maquetas y hologramas, ilustrarán la trayectoria profesional de uno de los artistas más influyentes del siglo XX, iniciador de corrientes como el foto-realismo o el neo-expresionismo.

La exposición “In full color” arranca con una serie de obras cercanas a la abstracción y centradas en el tema del mar. Son obras que el creador llevó a cabo a su llegada a Nueva York a fines de los cincuenta, momento en que comenzó a pintar fuertemente influenciado por la obra de Barnett Newman.
Por aquellos años se libraba en la ciudad americana un debate estético de decisivas consecuencias; el expresionismo abstracto mostraba claros signos de agotamiento y se imponía un descenso de la temperatura creativa que llevaría a dilatar la distancia entre el sujeto y la acción: de acontecimiento la pintura pasó a convertirse en objeto.
En medio de esta batalla, Morley parecía dividido entre dos amores: las serenas superficies de Newmann y la pintura emocional y convulsa de De Kooning. Esta tensión entre la neutralidad y el pictoricismo, entre el plano y la ilusión, alimenta toda la obra del artista y le confiere su particular fuerza.
A pesar de la deuda que su iconografía de postales y posters de brillantes colores mantiene con el pop, Morley nunca rehuye la marca del pincel, muy al contrario, su estilo constituye una suerte de “expresionismo en miniatura”, cuya vitalidad desafía el origen mecánico y puramente bidimensional de sus modelos.
Incluso en su etapa llamada por él mismo “super-realista”, la que inicia a partir de 1965 con sus célebres series de lienzos con apariencia de postales, no renuncia Morley al pictoricismo.

A mediados de los setenta se produce un punto de inflexión en su carrera; el pintor deja de lado el recurso a la imagen impresa, acentúa la carga expresiva de su pincelada y abandona el acrílico por el óleo. A esta nueva etapa pertenece por ejemplo la serie “Desastres”. La lección distorsionadora de Willem de Kooning parece más fresca que nunca en sus obras de los años ochenta, realizadas con un cromatismo y una intensidad arrolladoras.

En los noventa predomina la imaginería de la Primera Guerra Mundial; los barcos y aviones que siempre hemos visto surcando sus lienzos, aparecen revestidos de tintes más sombríos al final del milenio. Entre sus últimas creaciones se cuenta una serie de maquetas de barcos y aviones, a la que el artista se refería recientemente: “El pintor es, literal y figuradamente, un piloto de planos que lleva a cabo representaciones reales e imaginadas de distintas agresiones sobre el plano de la pintura. Las maquetas de los aeroplanos son representaciones tridimensionales de pintura”.